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40 años de la Huelga del 70

Se cumplen cuatro décadas de la muerte del maracenero Antonio Huertas Remigio y dos obreros más en la reivindicación de un convenio justo de la construcción. Cuarenta años después, familia, amigos y el resto del mundo obrero recuerda que la muerte de estos tres granadinos en los últimos años del franquismo marcó un antes y un después en la historia de Granada

 

Vídeo conmemorativo del 40 aniversario

La Voz del Pueblo canta a las víctimas.

Monolito a las víctimas en la Caleta


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"21 de julio, a la calle vamos compañeros". Así comienza la copla que 'La Voz del Pueblo' dedicó en el Carnaval de Maracena a las víctimas de la Huelga de la Construcción del 70 en Granada. El franquismo dio uno de sus últimos coletazos y se llevó por delante la vida de tres trabajadores, uno de ellos maracenero: Antonio Huertas Remigio. Este año se cumple el 40 aniversario de su muerte "por unos derechos que no llegó a disfrutar", sigue la copla.

El aniversario ha devuelto a la memoria colectiva unos sucesos olvidados para la mayor parte de la población, pero que supuso un duro golpe al mundo obrero de la ciudad. No obstante, como recuerdan las crónicas del diario Ideal, las autoridades de la época ni siquiera se atrevieron a enterrar inicialmente a Huertas Remigio en Maracena por temor a los incidentes que se podrían generar. "Se lo llevaron de tapadillo al Cementerio de Granada, no querían llevarlo a Maracena", recordaba la hermana de la víctima 40 años después.

Los sucesos que derivaron en la muerte del obrero maracenero, de 22 años, y de otros dos más de Armilla y Granada nacieron con las reivindicaciones por lograr un convenio justo en la construcción. Las concentración de aquel 21 de julio había tenido un prólogo pacífico el día anterior. Hubo incluso una propuesta de volver al tajo, pero los obreros pidieron continuar con la huelga por un convenio justo, por unas reivindicaciones que los sacara de la esclavitud a la que se veían obligados en su situación.

Y así llegaron al 21 de julio con una concentración "pacífica pero ilegal", como todas, frente al edificio de los sindicatos. La Policía se había reforzado y quiso acabar con la concentración a la fuerza pese a que los obreros, en un intento de desvincularse de la política y los contubernios, levantaron el brazo al grito de "Franco, Franco, Franco", según dicen algunos testigos en algunos documentos que hoy sirven para basar nuevas publicaciones con las que analizar el cambio que supuso para Granada aquellos hechos.

Una huelga que acabó cuando la policía se sintió fuerte. Dio un aviso de que al tercer toque de corneta, cargarían contra los manifestantes. Todos los testigos recuerdan que sólo se escucharon dos. "La multitud, ya exasperada por el ataque, tropieza con un camino cargado de bovedillas. (…) Unos jóvenes manifestantes trepan al camión y arrojan bovedillas hacia la acera. El cascote es entonces utilizado como arma arrojadiza. (…) A esa hora, tras arrojar algunas bombas de humo de escasa eficacia por el viento, se escuchan los primeros disparos. A tiro de pistola se produce el definitivo ataque de la Policía, que recobra el terreno perdido desde los sindicatos hasta Doctor Olóriz", relatan los informes de la HOAC. Los heridos pasaron del centenar.

Murieron tres obreros. Antonio Huertas, Cristóbal Ibáñez y Manuel Sánchez, los tres albañiles a los que ahora recuerda un monolito en la avenida de la Constitución. "Por lo menos que cada 21 de julio la gente recuerde lo que pasó, que no quede enterrado", comentaba Rosa Huertas, hermana de Antonio, en la presentación de los actos conmemorativos por parte de Comisiones Obreras. Cada 21 de julio, el sindicato recuerda con flores la muerte de estos tres trabajadores en el monolito que preside la entrada a la Caleta en la capital, cerca de donde se iniciaron las escaramuzas.

 

 
 

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